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NOTICIA

“Repercusiones del rechazo de la SCA a los concursos sin anonimato”

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Concursos anónimos

Los concursos públicos parecen la herramienta más idónea para alcanzar mejores resultados y darle una oportunidad a la mayor cantidad posible de arquitectos. A pesar de estas virtudes, es necesario que sean constantemente revisados y perfeccionados. Mejores asesores, mejores jurados, bases más ajustadas y contratos más estrictos con los comitentes sumarían calidad a la que puedan aportar los buenos proyectistas.
Hoy, el concurso del Parque de la Innovación y del futuro Polo Educativo María Elena Walsh en Villa 31 (los dos en proceso) abren serios cuestionamientos a la forma de su organización.
El punto más débil de estas dos iniciativas que gestiona la facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA es el respeto del anonimato de los participantes. No hace falta aclarar que esta condición es clave para evitar favoritismos indeseables. Sin embargo, ambos concursos tienen un mecanismo de doble vuelta en el que los seleccionados para la ronda final deben revelar su identidad exponiendo frente al jurado las cualidades de sus proyectos.
Nadie duda de la honestidad y probidad de los miembros del jurado, pero, como la mujer del César, además de ser honestos deben parecerlo y para eso nada mejor que un reglamento que garantice el anonimato.
Algo más para los jurados: es deseable que la mayoría sea seleccionada por los participantes y no que resulten designados por el comitente, de cuya probidad y experiencia nunca se tiene certeza. El jurado tiene en sus manos la responsabilidad de elegir un proyecto que afectará el futuro de la ciudad por varias generaciones, más allá del período en el que actúe la administración de turno.

Miguel Jurado
Editor Adjunto ARQ/ Clarín

 

VER NOTA: La SCA y FADEA se oponen al Concurso Polo Educativo María Elena Walsh 

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